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14 de octubre de 2010

Mi Camino de Santiago (IV) - Una misa con el Padre Augusto Losada


Las campanas de la Iglesia de Santiago de Triacastela anuncian misa de siete, misa del peregrino.

A todos los que algún día paséis por este punto del Camino de Santiago no dudéis en asistir a la liturgia del Padre Augusto Losada.

Venía bajando hacia Triacastela en el final de mi etapa horas antes y hablaba con una peregrina, contigo, sobre lo que yo entiendo como iglesia o como debe ser la palabra de Dios en este mundo actual que vivimos y conste que cuando hablo de religión, como de fútbol u otras cosas no pretendo convencer a nadie, cada uno debe convencerse sólo o simplemente hacer oídos sordos al mensaje que recibe.

Pero independientemente de tus creencias religiosas, las tengas o no, creas en Dios o no, escuchar a personas como Don Augusto merece la pena y bien merecida.

Al margen de la parte eucarística de la ceremonia estás asistiendo a una conversación entre amigos, entre peregrinos, estás recibiendo una cantidad de mensajes y valores que una vez que sales de aquella misa te hace replantearte muchas cosas en relación a la vida misma.

Este párroco en su misa aglutina y hace participar en ella a todas las nacionalidades presentes en el templo, aquello es como una reunión de naciones unidas pero en versión peregrina jacobea. Creo recordar que alrededor de él y en torno al altar lo acompañaron y transmitieron parte de la misa en distintos idiomas una representación de peregrinos de nacionalidades tan dispares como Suecia, Italia, Rusia, Alemania, Francia y hasta una chica Coreana entre otras.

El Padre Augusto transmite un mensaje de caridad en su palabra y te dice abiertamente que no pretende que las eucaristías parezcan funerales, relaciona su labor asemejándola a la de un funcionario, curioso ¿verdad?.

Dice Don Augusto que los sacerdotes a veces parecen unos funcionarios de Cristo y no unos servidores de cristo, tienen unas eucaristias tristes, incoloras, sin sabia, sin alegria y parece que estan en un funeral cuando la eucaristia tiene que ser alegre y con vida.

Si suena el teléfono móvil de un asistente a la misa no es de esos curas a los que les cambia el semblante y pierden la mirada hacia el respetable esperando casi unas disculpas por el descuido si no que tiene el arte de dirigirse a quien sea y decirle que "ya está el Señor llamándonos, dígale que estamos con Él en la eucaristía y que nos llame al final de la misa por favor", yo en ese momento quería morirme de la risa.

Hablando de Dios, más concretamente de Jesús de Nazaret, dice literalmente que se lo quitaron de en medio y que si hubiese existido en la vida actual, los demócratas también hubiesen hecho lo mismo que entonces… y la verdad que está reflexión te hace mucho que pensar.

Cuenta alguna historia relacionada con los miles de peregrinos que han pasado por su parroquia transmitiendo que el Camino de Santiago es un camino interior en cada persona, que no es turismo ni vacaciones, ni senderismo, ni una carrera de competición y define a estos nuevos peregrinos que van acompañados de sus mascotas como “perrogrinos”.

Hace una defensa hacia la figura de la mujer como parte fundamental en la iglesia, que antaño ya lo fue, hasta el punto de no tener tapujos en decir que una mujer bien podría ser sacerdotisa o diácono como el mejor hombre que lo haga.

Provoca que en el final de la ceremonia, en el momento de darse la Paz, aquellos que estamos presentes no nos demos sencillamente la mano como por compromiso sino que obliga a que todos nos agarremos los unos a los otros, montando una cadena humana entre los bancos del templo haciéndonos sentir lo importante que es durante el camino la unión, la solidaridad, la caridad y el hermanamiento entre peregrinos para que a su voz de “LA PAZ SEA CON VOSOTROS, PODÉIS DAROS LA PAZ” todos en vez de estrechar nuestras manos nos fundamos en un abrazo generalizado tan sincero como emocionante.

Termina la ceremonia y lo que más me sorprendió es que es el único cura que he visto en mi vida cristiana y poco practicante que cuando termina de dar la misa en vez de irse hacia la sacristía, da un paso al frente, baja los escalones que lo separan de su gente y se integra con aquellos que son su ilusión como el cataloga, sus peregrinos, que ansiosos lo esperan en el pasillo central de la iglesia para agradecer la manera y la forma en la que es capaz de transmitir la palabra de Dios mientras él se funde en abrazos preocupándose tanto del estado de salud del caminante como de aquellas cosas que interiormente a cada uno le preocupa.

Me quedo con algunas cosas que durante la misa transmitió como mensajes para la vida misma y que no necesariamente hay que ser cristiano o creyente para hacerlos tuyos:

  • Cristiano es aquel que intenta imitar a Jesús de Nazaret.
  • Las ideologías no son los ideales.
  • El mundo no nos da el cariño que nos dan las personas que tenemos al lado.
  • La vida es muy bonita, pero viviéndola.
  • A una persona no se le mide por su altura sino por sus valores.
  • Hacer muchas cosas pequeñas pueden lograr hacer una grande.

Esta es mi experiencia con el Padre Augusto Losada López, una persona que recordaré durante mucho tiempo y que tras compartir con ella uno de los momentos más maravillosos de mi Camino agradeceré eternamente la ayuda que supo transmitirme con su palabra, la cual intento aplicar en mi complicado y difícil día a día.

Me despido y cierro este artículo, en este humilde blog que apenas seguimos unos amigos, muchos peregrinos del camino o simplemente peregrinos de la vida, de la misma manera que él concluyó la misa aquella tarde de domingo en Triacastela, diciéndoos:

QUE SEAN FELICES Y ANIMO…

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NOTA: Aquí os dejo esta dirección de internet para que podáis conocer algo más en relación al Párroco Augusto Losada, sus reflexiones sobre el Camino de Santiago y la dimensión humana y espiritual del mismo.

www.diocesisdelugo.org/triacastela

Foto: El blog de Diego Armario


8 de octubre de 2010

Mi Camino de Santiago (III) - De O Cebreiro a Triacastela. Primeros pasos...




Ha llegado el ansiado día, el que tanto tiempo llevo esperando, ese que me llevará a dar el primer paso de mi Camino, aquel paso que en tantas ocasiones me vi obligado a cancelar bien sea por causas ajenas a mi voluntad, por lesiones, por trabajo y otras tantas cuestiones que ahora no vienen al caso.

Pero hoy no, hoy no hay nada que lo impida.

No ha sido necesario poner despertador, los ojos como platos desde las cinco de la madrugada y a las seis me levanto de mi cómoda cama de la habitación número tres que la esposa de Antón me ofreció el día anterior.

Me aseo, tomo mi mochila que dejé totalmente preparada antes de acostarme y bajo las estrechas escaleras de la pensión. El salón aún cerrado, dejo las llaves encima del mostrador y atravieso el umbral de la puerta para poner el primer pie en la calle.

Corre algo de fresco pero se aprecia que hoy será un día caluroso.

Las calles de O Cebreiro están solas y apenas se oye algo de gente dentro de la Venta Celta desayunando o como una pareja de pequeños gatitos disputan por algo que echarse a la boca allá encima del techo de pizarra de una de las hospitalarias casas convertidas en improvisadas pensiones. Mientras, abajo, y a través de una de las ventanas de la casa se observa como una señora calienta leche y tuesta algo de pan para algún peregrino que minutos después bajará a desayunar antes de emprender su etapa quien sabe si hasta Triacastela o incluso más allá.

Antes de salir del pueblo dos chicas jóvenes algo despistadas y yo diría que asustadas vienen de vuelta, es raro, y me preguntan si conozco cual es la salida hacia el camino. Iban sin linternas, parece que pasaron algo de miedo y decidieron volverse a esperar la amanecida o que alguien les indicará la ruta de salida correcta. Es cierto que el camino está muy bien marcado por todas las partes, bien con los mojones indicativos o con esas flechas amarillas que durante toda la ruta serán fieles compañeras de peregrinación pero no puedes emprender la jornada de noche y sin linterna como aquellas dos jóvenes pretendían, corres el riesgo de despistarte o incluso llegar a acojonarte un poquito.

Una vez ofrecida mi primera ayuda al peregrino, que para colmo no fue el mejor consejo, perdonad chicas, me paro a desayunar en Casa Moreno.

Tostada y zumo de naranja de bote, se ve que la naranja natural no abunda mucho por estos lares, como también ocurre con el pescado.

Una vez desayunado y a eso de las siete de la mañana inicio la ruta que me llevará unos veintidós kilómetros adelante hasta Triacastela pasando por lo que la tarde antes fue lugar mágico en la puesta de sol.

Aún es de noche, enciendo mi linterna, atravieso por el punto más alto del Camino a su paso por tierras gallegas. Delante observo los haces de luces que otros peregrinos van dejando y que de alguna manera me van orientando y detrás dos puntos de luz halógenos que poco a poco me alcanzan a la altura del cruce de la pista forestal que baja hacia Liñares.

Son dos peregrinos, un chico muy joven, no más de dieciséis años y un señor mayor, muy por encima de los sesenta.

BUEN CAMINO, nos dijimos mutuamente.

Deseaba oir esas dos palabras, dos palabras con todo un significado especial de educación, de cortesía y de aliento en muchas ocasiones. Es el saludo por tradición que de alguna manera te obligas a decirlo al cruzarte con otro peregrino durante el camino. Luego a lo largo del camino observo que cada vez se va utilizando menos no se si porque el acumular kilómetros y el cansancio aminora la educación o porque sencillamente la gente se cansa de tanto saludo. No fue mi caso, pero si es curioso que no vi prácticamente a un solo ciclista que al cruzarse contigo no te saludará de esta manera. Igual es que dar pedaladas te hace más cortés y educado o que sencillamente después de comprobar la dureza de realizar el camino en bici para ellos, los ciclistas, obtener el BUEN CAMINO como respuesta a su saludo les sirva de ayuda para el resto de la etapa.

El día empieza a amanecer, las claritas del día se dejan ver ya llegando a Liñares antes de emprender la subida entre caminos estrechos y escarpados rodeados de mantas de helechos y centenares de hayas que al final divisa la estatua de bronce del peregrino que preside el Alto de San Roque. Allí primera parada para tomar algo de agua, desprenderme de la primera capa de ropa ya que el calor empieza a aparecer y tirar alguna que otra foto de rigor.

Un nutrido grupo de peregrinos rompiendo la paz del lugar, una chica coreana descalzada tratándose con esmero las ampollas que quien sabe desde donde las trae, algún peregrino que pasa de largo y dos curiosidades: Una el chico joven y el señor mayor que rato antes me crucé que descubro que son nieto y abuelo tras dirigirse el primero al otro de esta manera al pedirle algo de agua y la otra curiosidad es la pareja que prácticamente desde el primer día son y serán testigos indirectos de mi camino hasta llegar a Santiago como aquel nieto y su abuelo.

A partir de aquí, continuando el camino pasando por Hospital de la Condesa, donde una lugareña te recibe sentada en el poyete de la puerta de su casa y te fija la mirada como analizando tu interior y pensando cuantos como éste pasan al cabo del día, y hasta prácticamente llegar a Padornelo escuchando el estribillo de una pegadiza canción que nunca había oído antes que aquel chico de la pareja antes mencionada repetía constantemente para automotivarse en esta parte del camino. Aquella letra decía algo asi como:

“Quisiera ser feliz, amanecer cada mañana a tu vera, sentir que nunca se acabe esta primavera y vivir cada momento de esta manera…”

No cantaba mal aquel tipo aunque se hacía algo pesado, pero claro a poco llegaba la durísima subida al Alto do Poio y allí ni el mismísimo Placido Domingo hubiese sido capaz de cantar una sola letra. Volví a coincidir con la pareja en otros sitios pero no volví a escuchar aquella bonita letra que a mi personalmente me agradaba y amenizaba el camino.

Mejor oir a alguien cantar durante el camino que escuchar cualquier archivo de sonido en móviles de estos de úlitma generación mientras uno camina.

Una vez llegado al Alto do Poio, un merecido descanso, sello a la credencial y un vaso de agua muy fría que parecía recogida de un manantial directamente. Luego una larga caminata en línea recta y con cómoda pendiente hacia abajo paralela a la carretera que me lleva hasta Fonfría donde veo las primeras vacas color canela muy conocidas por la exquisita leche y tierna carne que ofrecen.

Allí en mitad de la aldea, donde las gallinas van cruzándose a tu paso una mujer te ofrece tortas de leche frita. Según la información que tenía en tiempo fue un gesto de hospitalidad a cambio de la voluntad pero que ahora no se si motivado por el año Jacobeo y el alubión de peregrinos se ofrece casi obligatoriamente a cambio de una moneda de un euro.

Prosigo mi camino hasta llegar al merendero junto al Mesón Betularia en O Biduedo y allí a pocos kilómetros ya del final de la etapa hago la última parada de descanso compartiendo los filetes empanados que aún me quedan con una pareja de pastores alemanes con más hambre que un caracol en la vela de un barco como decía el gran Paco Gandía.

A partir de aquí, siete kilómetros de continuo descenso pasando por Filloval o Pasantes donde a los pies de un portalón observo encima de una mesa unos envases de plástico con frambuesas y un cajoncito con un letrero escrito a rotulador carioca que ponía, 1 €. Sin duda me sorprende la confianza que los lugareños depositan en los peregrinos, allí nadie vendía frambuesas, allí tu coges tu caja y pagas, algo así como una expendedora de alimentos de estas de los hospitales pero en versión peregrina.

Me quedo con la duda de que aquellos que después de comer tan sabroso fruto y tiran los envases al suelo del camino realmente hayan depositado la moneda en el cajón, seguramente que muchos de ellos no lo harían.

Si alguna vez pasáis por allí o por cualquiera otra parte de esta bella ruta jacobea por favor no tiréis nada al suelo, haced un esfuerzo y esperar a que el mismo camino os ofrezca una papelera o un bar donde dejar la basura.

Ya no muy a lo lejos veo como Triacastela aparece dejando atrás Ramil y su centenario castaño testigo del paso de tanta espiritualidad y fe.

Mis pies están respondiendo a las mil maravillas, me siento fresco y motivo de mi situación empiezo a silbar una canción que un curioso peregrino que paralelamente acompaña mi camino pregunta de cual se trata.

“Descanso dominical”, de Mecano.

Deben ser las dos de la tarde y entro en la travesía de Triacastela hasta llegar la plaza de la Iglesia donde me hospedo en la Pensión Simón que amablemente regenta Natalia y su esposo. Un lugar muy limpio, nuevo y acogedor que ofrece lo necesario para un buen descanso.

Y como vecino el pequeño Victor, un peque de apenas cuatro años, hijo de los propietarios de la pensión y que casualmente es el único niño de esa edad que habita en Triacastela.

Tras una ducha relajada y algo de ropa limpia bajo a la calle para comer algo en el albergue Xacobeo, sin duda el mejor sitio para comer allí con un magnífico menú a base de revueltos, parrillada de churrasco y queso con membrillo de postre como siempre acompañado de Ribeiro de la casa, bebida que se convertirá en mi fiel acompañante en cada comida hasta el final de mi camino.

Cafelito tras el postre y de vuelta a la pensión para descansar algo antes de asistir a la sorprendente y esperada misa de peregrinos que el Padre Augusto nos tiene preparada en la Iglesia de Santiago muy cerquita de mi hospedaje.

Del Padre Augusto, de su palabra y de su manera de dar misa hablaré en el próximo capítulo.

¿Te apetece una siesta? yo no soy mucho de siesta pero me estoy aficionando.

3 de octubre de 2010

Mi Camino de Santiago (II) - Me llevo la Giralda en la mochila


Sevilla, viernes tres de septiembre, veinte cuarenta y cinco horas.

Arranco mi coche e inicio mi particular viaje a tierras gallegas con la intención de que pasados unos días pueda alcanzar la gloria compostelana y llegar a la Plaza del Obradoiro con el deber cumplido de realizar el camino de Santiago, mi Camino.

Eran dos mis ilusiones para realizar la ruta, una salir desde San Jean Pied de Port (Francia) pasando por Roncesvalles y realizar todo el camino francés o salir desde Sevilla y atravesar toda la Vía de la Plata hasta llegar a Santiago.

Pude hacerlo años atrás cuando estudiaba y disponía de todo un verano para ello, ahora, solo coger diez días ya me parece imposible y me limita para mi punto de partida.

Aún así y antes de salir me he acercado a la Catedral de Sevilla para que el primer sello que marqué mi credencial sea el de mi tierra y así simbólicamente considere que mi primera etapa empieza a los pies de la Giralda.

Y allí cerquita de la Plaza del Triunfo, busco la Puerta de Campanillas para visitar al capellán de la catedral. Amablemente me recibe en su fresquito despacho y me pregunta si salgo de Sevilla, le cuento lo anteriormente citado y me dice:

- Interesante, o sea, tu lo que quieres es llevarte la Giralda para el Camino, ¿no?

Respondí con un sí un poco dudoso porque realmente no entendí lo que quería decir pero tras pedirme la credencial y estampar el sello se volvió a dirigir a mí:

- Bueno, pues aquí llevas la Giralda.

Observé el sello y sonreí, esa rubrica con tinta color azul estampaba la silueta de la Giralda y por ello el capellán me dijo eso.

Minutos antes de salir en coche estuve a punto de chafar toda la historia ya que, intentando ayudar a una preciosa chica que bajaba cargada con mochila y maleta las empinadas escaleras de la Estación de Plaza de Armas, casi ruedo escaleras abajo en un gesto de torpeza posiblemente provocado por estar más pendiente de la llamada que atendía por el móvil que de aquella simpática joven y su pesado equipaje.

A partir de ahí un largo viaje de nueve horas hasta Santiago, apenas sin parar y escuchando toda la música posible.

Poco antes de las seis de la mañana llegué a Compostela, un par de horitas durmiendo en el coche haciendo tiempo para coger el bus que me llevaría al Puerto de Piedrafita, punto de partida real de mi Camino lindando la provincia de Lugo con la de León.

El viaje en bus, soporífero, más de tres horas con la sensación de rodear toda Galicia para hacer apenas doscientos kilómetros. Al llegar al Puerto allí mi primera gran decisión:

A O Cebreiro a patas, o en taxi.

Casualmente aparece por allí Félix, uno de los tres taxistas del pueblo que amablemente y a cambio de diez euros me convence para que no vaya andando y coja su transporte.

Le hago caso, luego me alegré bastante ya que hablando con gente que habían realizado ese tramo de subida en asfalto de más de cuatro kilómetros que ni tan siquiera pertenece al Camino me dijeron que se arrepentían de no haber subido en taxi.

El consejo de Félix me permitió llegar a tiempo a O Cebreiro para instalarme en mi hospedaje, Mesón Antón y tener tiempo suficiente para comer.

Mi primer menú peregrino, en la Venta Celta, pulpo con patatas, huevos fritos con chistorras, queso con miel de postre y la primera botella de Ribeiro del camino.


Luego ansioso vuelvo a mi pequeña habitación del Mesón Antón, escucho un canal de música tradicional gallega en la destartalada tele que me ofrece mi aposento, pienso en ti, es más te siento y me doy una merecida siesta para estirar piernas y recuperar fuerzas para el día siguiente.

A través de la minúscula ventana de mi morada, observo que el día va perdiendo luz, miró el reloj y doy un salto de la cama, han pasado las ocho y media de la tarde y no quiero perderme la espectacular puesta de sol que el alto de O Cebreiro ofrece a los peregrinos que allí se hospedan.

Tengo hambre y aprovecho para no sólo cargar con mi cámara sino también con el “tupper” de filetes empanados que mi madre había preparado hacía ya horas. Estos jugosos filetes me servirían de cena fría mientras observaba el espectáculo.

A través de pallozas y empedradas calles voy buscando la salida que deja el albergue a la derecha donde algunos peregrinos reposan sus piernas, curan sus heridas o se reúnen en torno a todas las anécdotas que han ido surgiendo durante la durísima etapa finalizada horas antes, allí continúa el camino donde la ropa lavada y tendida por los caminantes seca con los últimos rayos de sol que este maravilloso día nos deja.



Subo al cerro que deja la conocida panorámica de postal del pueblo y de momento, poco público. Igual esperaba un lleno absoluto pero sólo observo a una pareja que sentados en una mesa y bancos de piedra esperan con curiosidad el ocaso del día. Es curioso pero ya coincidí con ellos en el bus y a la hora de comer.

Parecen muy ilusionados por la experiencia que se les avecina y deduzco que su camino se inicia donde el mío. El pasa su brazo por encima de ella, ella corresponde con un gesto de acomodo y pacientes se dejan llevar por la mística del momento que viven que solo será el primero de tantos como les espera durante la ruta y de los que yo seré testigo.

Hay algo especial en esa pareja, se desprende amor…

Poco a poco va llegando gente, entre ellas un grupo de peregrinas que encabezadas por una joven monja iban entonando una dulce canción, alguna otra persona y poco más.

Una vez acoplado todo el mundo empieza a dar comienzo la puesta de sol más maravillosa que vi nunca, no se si será el lugar, lo que representa o la carga de espiritualidad e ilusión que tengo pero ver como el sol se pone en aquel paraje es sencillamente un milagro de la naturaleza donde te das cuenta de que el ser humano no es más que un simple espectador de la misma.

Durante los minutos que duró, el tiempo se paralizó, nadie hablaba, todo el mundo advertía que algo mágico estaba sucediendo y que apenas una docena de personas éramos testigos de ello.

El sol definitivamente se ocultó dejando paso a una mezcla de colores, de luces y sombras que transformaban aquel paisaje en un lienzo que ni el mismísimo Van Gohg hubiese podido plasmar, aquella acuarela sirvió para que una vez desaparecido el astro rey la monjita alzara su dulce voz al cielo para gritar:

¡Alabado sea el Señor!

Unos agradecen a Dios el milagro de ver como termina un día más, otros a la Madre Naturaleza y quizá habrá gente que ni se plantee dar gracias por ello, yo doy gracias a la vida por ofrecerme la posibilidad de compartir con ella momentos como éste, instantes que quedaran en la memoria para siempre y que difícilmente podrán borrarse de mi retina.

Ya el reloj marca que en poco más de veinte minutos serán las diez, todos vamos bajando de nuevo hacia la aldea, las flechas en el suelo siguen marcando el camino que horas más tarde emprenderé en dirección contraria, algún perro se cruza en mi camino, aquí conviven en total armonía con los gatos, comparten comida y cobijo y de fondo se escucha como los chorros de agua a presión limpian las ollas que durante todo el día han ido cociendo y cocinando tanta comida para el peregrino que llega hambriento de su etapa o viaje.

Se oye de fondo una muñeira con sonido de viejo radio transistor de aquellos que funcionaban a pilas de petaca mucho antes de que aparecieran los móviles de última generación o los eme pe tres y eme pe cuatro esos que ahora nos invaden con mejor calidad de sonido pero con muchísimo menos encanto.

Ahora va siendo hora de descansar, el día ha sido muy largo.

Hasta mañana mi amor…

29 de septiembre de 2010

70 fotos del Camino de Santiago


Son siete decenas de instantaneas, setenta vivencias.

Detrás de cada una de ellas, una historia, un momento inolvidable, un paisaje, un amanecer, una puesta de sol.

Aparecen personas, animales, calles, puentes, ríos, peregrinos y hasta la Guardia Civil.

Es un resumen de las casi mil fotos disparadas durante mi Camino que espero que a aquellos que compartimos la experiencia recordéis con afecto y satisfacción ya que todos pasamos por los sitios y lugares recogidos en el album y a los que aún no habéis podido hacerlo por diversos motivos pero os gustaría espero que os despierte el interés por realizar uno de los viajes o peregrinaciones (como cada uno quiera llamarle) más maravillosos que existen en nuestro planeta y que nosotros como españoles lo tenemos tan cerca, a tan pocoa distancia de nuestros hogares que pudiendo realizarlo es una auténtica pena no vivir esta experiencia en algún momento de nuestra vida.


(Si no deseas ver las fotos como presentación pincha AQUÍ para ver el albúm en flickr)

Espero que os guste y perdonad por el retraso.

Especialmente a Claudia (no se nada de ti amiga), a José Antonio, Pablo, Tito, Agustín Nicolás, Javi y Araceli, Tomás y a todos aquellos que os cruzastéis en mi Camino compartiendo distintos momentos y vivencias. Pido disculpas si alguien se me olvida...

Y como no, especialmente a ti Laura, por acompañarme en la mejor experiencia de mi vida y ser mi compañera de viaje, en éste, y en tantos como nos quedan por hacer.


21 de septiembre de 2010

"O Cancelo", el rincón de Roberto y Celia

Aún no he escrito nada del camino de Santiago, estoy en ello, pero me llevará algún tiempo más de lo esperado, son muchas vivencias y anécdotas durante la ruta que quiero plasmar de manera especial.

Pero mi viaje a tierras gallegas no solo ha sido buscando la gloria compostelana, también encontré otra gloria que se sale de lo meramente espiritual del camino, una gloria que se resume en mi compañía durante el viaje y en el trato recibido por todos aquellos que me ofrecieron su hospitalidad y amistad tanto en tierras viguesas (de las que escribiré más adelante) como muy especialmente del inolvidable fin de semana que pasé en “O Cancelo” en compañía de dos personas maravillosas.

Celia y Roberto, Roberto y Celia.

“O Cancelo” es una casita rural llena de encanto situada en un enclave mágico dentro de Ourense, en tierra de Ribeiro y más concretamente en la localidad de Arnoia.

El final de mi viaje por tierras gallegas me tenía preparada una grata sorpresa, de la cual ya fui avisado aunque no esperaba semejante sensación, visitando y alojándome en “O Cancelo”.

Salí de Vigo en dirección a Arnoia tras los pasos del todoterreno de Roberto, al que casualmente aun no había sido presentado debido al tráfico y problemas de aparcamiento de Vigo.

Al llegar a Arnoia, el vehículo se para frente a la puerta de una bodega, me bajo y estrecho la mano de Roberto, hay veces que solo estrechando la mano de alguien ya percibes en gran medida de quien se trata.

Aquella vetusta y pequeña bodega sirvió para que Roberto abriera una botella de Ribeiro de cosecha propia y poder brindar por lo importante de la visita. Magnífico vino, mejor que todo el que probé durante el camino y que en aquella cava de luz tenue y parpadeante por el casi fundido de los tubos fluorescentes sabía a verdadera gloria.

Roberto de Arnoia, Marqués de O Cancelo como lo definí horas después, corregido por él como Barón de O Cancelo, ya que considera que le queda mejor lo de la baronía que lo de marquesado, es un tipo peculiar, simpático, envuelto por la retranca gallega, muy preparado intelectualmente, chef de cocina frustrado, apóstata, agnóstico gracias a Dios, como él mismo se califica, y lo peor de todo… BETICO.

No puede ser, llevo más de mil kilómetros recorridos en dos semanas, llego a un lugar idílico a pasar un agradable fin de semana y un servidor, sevillista, se encuentra que Roberto es bético, pero él me lo aclara y me dice que siempre ha sido del más débil socialmente hablando en esto del fútbol, del Betis en Sevilla, del Bilbao en el País Vasco, del Atlético en Madrid o del Español en Barcelona…

Aclarado eso le perdono su beticismo y dimos paso a la espectacular cena que nos preparó la cual esperaba ansiosamente por las referencias culinarias que ya tenía.

Y si señor, enhorabuena, pedazo de cena.

Celia prepara unos tomates muy jugosos y carnosos con un sabor extraordinario, yo hasta aquella noche pensaba que los tomates no sabían a nada salvo el aderezo o aliño que tu le condimentaras pero aquel tomate sabía a huerta y se desvanecía en la boca como un pastel, también apareció por la mesa una buena bandeja de langostinos cocidos y preparados por nuestro Chef con el toque especial de añadir laurel a la cocción y para cerrar unas piezas de novillo argentino en su auténtico y único punto que solo dejar caer aquellos afilados cuchillos portugueses sobre la carne servía para trinchar aquella carne que pareciera que venía directamente de la Pampa.

A todo esto, Ribeiro hasta decir basta y sidra de cosecha propia servida con un original escanciador eléctrico que personalmente me sorprendió ya que desconocía de su existencia y utilidad.

De postre café hecho en hornillo de gas, un rosco que “preparó” Celia que no tenía fin, mientras más rosco comías más quedaba y un aguardiente de hierbas fresquito elaborado por su bodega que Roberto celosamente guardaba en el interior de la nevera en una botella que tiempo atrás fue guardiana de más de una copa de Cardhú.

Bendito licor, amigo.

El postre se extendió hablando del Camino de Santiago, de su deseo de realizarlo desde Roncesvalles y de las vivencias que la visita habíamos experimentado, hablamos bastante de religión, pero como hay que hablar de estas cosas razonándolo todo y sin imponer nada a nadie y sin tratar de convencer a nadie, aunque reconozco que un par de conversaciones más de este tipo con Roberto me hubiesen transmitido la duda de mi fé y plantearme seriamente mi apostatado.

Aquella mágica noche la cerramos dejando el último sorbo de aguardiente para acercarnos al cementerio de la Iglesia de San Salvador a escasos cincuenta metros de la casa y brindar por los ancestros de Roberto, pedir salud para nosotros deseando tardar mucho en hacer compañía a todos los presentes en el brindis.

A partir de ahí y debido posiblemente al efecto del licor solo recuerdo el cantar de un gallo a la mañana siguiente muy temprano que alteró mi sueño y dejó ver como por la ventana frente a mi cama las primeras luces del día aparecían.

Aquel gallo era portugués, como horas atrás lo calificó Roberto, cantaba una hora antes de lo debido, era demasiado temprano pero fui a visitarlo allí en un corral junto a la Abadía Caldaria.

Bonita mañana, bonito día el que se presentaba.

Día que me permitió conocer el lugar, su entorno, la luminosidad y el encanto del jardín de “O Cancelo”, el cuidado con el que Celia lo trataba, el pequeño porche donde pude sentarme a escribir y tirar fotos con una paz que hacia tiempo que no sentía y que necesitaba.

La luz del día invade el interior de la casa y observo al detalle lo que horas atrás en la noche no pude.

“O Cancelo” es un auténtico museo, lleno de objetos antiguos, de aperos de labranza e instrumentos y herramientas en desuso que allí sirven para decorar aquel espacio, las paredes guardan fotografías y fetiches de toda una vida, de antepasados, desde cerámica y dibujos a entradas de conciertos de los Rollings Stones o Blues Brothers donde hace más de una década Roberto estuvo presente, y Celia, muy presente en cada rincón, fotos suyas aparecen por la casa seguro que para que cuando Roberto esté solo entre semana durante los días de vendimia la sienta siempre presente, junto a él en su mágico rincón.

Bonita y excepcional pareja, buenas personas en definitiva.

Del resto de mi estancia, todo gloria, la visita a los alrededores del río Arnoia con ellos, la copita que tomamos en Casa de Manola junto a lugareños que difícilmente hablan castellano porque allí se habla “galego”, el fantástico arroz que almorzamos, la agradable llegada a la casa de Inés y Rafael para compartir junto a ellos las horas restantes, la espectacular siesta escuchando el silencio (porque el silencio tiene sonido), la noche repleta de chistes y aquella sincera conversación que para tanto sirvió sentados sobre el puente a mediodía al amparo de una cascada, con la presencia de una pequeña nutria merodeando y que puso el sello a unas inolvidables vacaciones que me han permitido conocer a gente maravillosa como Celia y Roberto gracias a ti.

Gracias por acercarme a tu gente y mil gracias por vuestra hospitalidad amigos.
Algunas fotos de "O Cancelo" y su entorno:

Puerta de O Cancelo

Cementerio de Arnoia

Iglesia de San Salvador

Lugar del brindis

Sobre el puente

Esperando la vendimia

Jardín de "O Cancelo"

Vista lateral de "O Cancelo"

2 de septiembre de 2010

Mi Camino de Santiago (I) - Parto para Santiago, busco la Puerta Santa...

Puerta Santa, año 2006 en mi última visita a Galicia



Mañana inicio mi Camino, el Camino de las Estrellas como muchos llamaron allá en la edad media.

Años esperando este momento, desde que escuché por primera vez siendo un niño que existía una ruta a pie al norte de España que antiguos peregrinos hacían practicamente cruzando toda Europa con el único fin de encontrase a si mismos, de buscar la paz interior del ser humano y volver con los suyos contando una experiencia única que cambia la vida de un hombre.

Dicen aquellos que hicieron la Ruta Jacobea que una vez que atraviesas el Pórtico de la Gloria y abrazas al Apóstol nunca vuelves a ser la misma persona.

Vuelvo a Galicia en un viaje único, místico y espiritual, ansioso de vivirlo y de contarlo a mi vuelta con la intención de sanar mis heridas, limpiar mi interior, fortalecer mi alma y vivir este mágico viaje, no exento del atractivo cultural y el reclamo Xacobeo de este año 2010.

Viajo a Compostela para iniciar mi Camino, no desde tierras galas fronterizas allá por los Pirineos, no dispongo desgraciadamente de tiempo para ello, pero si desde un punto más lejano de lo que en un principio creía entre la frontera castellana leonesa y gallega.

Antes de partir me acercaré a la Catedral de Sevilla, para que la ciudad que me vió nacer sea testigo de mi aventura emulando a aquellos que desde la Santa Iglesia Hispalense emprendían un Camino de numerosas y largas etapas por la Vía de la Plata acompañados solo de su capa, de una concha de mar, de un bordón como sustento y apoyo y unas humildes sandalias, todo por la fé cristiana de la que hoy en día carecen muchos de los excursionistas y senderistas que vagan por el camino contemporaneo.

Luego atravesaré España buscando mi punto de partida para que transcurridos unos días pueda alcanzar la gloria compostelana tras varias etapas por tierra de meigas.

Y marcho sólo.

Bueno realmente no, marcho con la compañía de un Ángel Peregrino que espero que aparezca antes de mi partida y que sea mi compañero de viaje, el que me aliente cuando desfallezca y motive cada paso que de en mi caminar cansado, un Ángel que me lleve allá al viejo Monte Libredón donde Pelayo el ermitaño hace doce siglos avistó una lluvia de estrellas sobre lo que hoy en día es la Plaza del Obradoiro.

Ese Ángel con el que después de cada jornada pueda confesarme, pueda calmar mis dolores y pueda disfrutar de lo vivido en esta travesía peregrina.

Un Ángel al que cada día doy gracias por aparecer en mi camino.

A la vuelta (s.D.q.) contaré mi viaje, mi experiencia e ilustraré con fotografías cada uno de los bellos rincones que espero encontrarme en la senda peregrina de este Año Santo Compostelano.

A los amigos que partieron días atrás y que encontraré en pocas horas os deseo que sigáis estas jornadas con ilusión a la espera de que nuestras mochilas se crucen para fundirnos en un abrazo sincero en cualquier punto entre O Cebreiro y Monte do Gozo.

Todo está a punto, poca ropa, poca carga y mucha ilusión por cruzar la Puerta Santa y tener en mis manos la Compostela con mi nombre en latín escrito en ella después de presentar mis credenciales.

Parto para Santiago, empiezo un nuevo camino, como hace hoy dos meses.


Mi credencial está preparada

26 de agosto de 2010

Es algo mucho más que amar o querer... (de un compañero de viaje)

No soy muy dado a publicar artículos o fotos que no sean míos, aunque no me importaría si lo merecen, pero me hace llegar un amigo un correo en forma de carta después de leer el post de "Compañeros de viaje" diciéndome que lo ha inspirado a escribir algo a su pareja y que le gustaría que un servidor le diera el visto bueno a su escrito, pero quien soy yo para eso, jajaja.

Para mi es un halago "compañero" y sabes que muchos podemos vernos identificados con lo que sientes y no añado ni una coma a tu texto solo evito nombrar a quien tú haces referencia por respetar vuestra intimidad pero como te dije me apetecería mucho publicar tu declaración de amor y hacerla llegar a todos aquellos que alimentamos esta experiencia de viajar que es mi blog.

Una vez obtenida tu autorización transcribo tu carta esperando que tu chica no se moleste y diciéndote lo que ya en privado alguna vez te he mencionado:

"No hay mejor viaje en la vida que una historia de amor."


Mar en calma esperando que la luna aparezca


Dice la carta:

"Es algo más que amar o querer"

Miro una foto tuya, la observo con detenimiento y veo que sigues siendo tan bella como la última vez que te vi, lo eres y lo serás siempre mientras conserves ese gesto en tu mirada, en tu cara.

Solo hace apenas horas que amaneció y me pregunto si pasado el tiempo seguirás despidiéndome para emprender mi viaje de vuelta con el mismo amor y las mismas formas que hasta ahora, con ese rostro pidiendo descanso y esos ojos llenos de sueño haciendo el esfuerzo de no emocionarse y quedando a la espera de volver a cruzarse con los míos transcurridos uno días.


Igual no te das cuenta de lo que haces pero para mi es importantísimo despertar de la manera que lo hago junto a ti, nunca he sentido eso.


Qué en cada desvelo de tu sueño me busques, te acerques y hagas que mi brazo cubra tu cintura, que mi pierna te rodee o que mi cabeza repose sobre tu espalda y sentir el aroma de tu piel en cada respirar profundo y observar a escasos centímetros de mí la silueta de tu cuerpo desvaneciéndose sobre las sábanas de tu cama.

Esto es mágico amor y puede ser así porque somos sencillamente de esta manera.

Es como vivo cada sueño a tu lado, cada despertar a tu lado, cada amanecer junto a ti.
Y te preguntas cómo todo esto puede ser así, cómo me has encontrado, dónde he estado hasta ahora y porqué he tardado tanto en aparecer.

Me has encontrado porque tuviste la suficiente valentía como para lanzarte hacia delante sin mirar atrás solo dejándote llevar por lo que sentías y defendiendo algo tan sumamente honesto como es no renunciar a algo cuando piensas que puede ser tuyo.

Realmente yo he estado siempre esperando este momento de mi vida, alimentándome de vivencias, de historias, imaginando futuro y empapándome de vida para que llegado el momento de conocer a ese ser que todo hombre anhela puedas ofrecerle toda tu alma, toda tu manera de sentir y toda tu experiencia vivida y extender la alfombra que hace que el camino hasta la gloria sea lo más dulce y liviano posible.


Y no he tardado tanto como crees, he aparecido cuando tenía que llegar, en nuestra joven madurez como personas.


Pensarás que he llegado cuando lo has pedido y te sientes afortunada por ello pero sencillamente aparecí en el mejor instante que dos personas pueden encontrarse y ese momento no debe de tener fecha, ni día, ni hora, ni edad si se vive intensa y apasionadamente como si cada día que cruzamos nuestra mirada pudiera ser el último.


Sueño con que el rompeolas de una playa nos desvele a pocos metros de su orilla y sintamos como la brisa marina nos embriaga de placer para fusionarnos como un solo cuerpo y sentir todo aquello que de otra manera que no sea ésta seria imposible sentir.

Prefiero la intensidad de un minuto junto a ti como lo vivo que una vida entera sin sentido.

Un minuto contigo por una vida sin ti.


Si tuviera que morir en este momento de mi vida lo haría como el hombre mas feliz del mundo con la sensación de que esta historia ha sido excepcional y pareciera que lleváramos toda la vida juntos.


En tu ausencia imagino que estoy sobre ti, oliendo nuestro aroma, notando la tibieza de tu piel mezclándose con lo ardiente de la mía y me acerco a tu oído susurrando palabras llenas de ternura expresando lo que siento.


No puedo hacerlo de otra manera.


Cada palabra que escribo es viéndote sin estar presente, imaginando nuestros momentos llenos de besos, gestos y caricias y veo la perfección hecha pareja.


Cuando estamos rodeados de gente siento como alucinan observándonos, ven lo que sentimos el uno por el otro y la manera de demostrarlo y no encuentran explicación a como dos personas pueden amarse de esa manera.


Me gusta observarte, seguir tus pasos, ganar tu espalda y cuando notas que mi presencia se ha desvanecido durante minutos aparezco tras de ti y a escasos centímetros derramo una sencilla pero profunda palabra que provoca que tu piel se erice y sienta escalofrío.


Siento como el aire que te roza me duele, me hiere y siento celos del sol que ilumina y tuesta tu piel.
No puedo controlar esto, no puedo y por eso te digo que amar duele, amar escuece, amar hace que mi riego sanguíneo corra a una velocidad y a una temperatura casi insoportable de padecer.

Y todo porque cada dos latidos de mi corazón uno late para mantenerme con vida y el otro late por ti.


Ahora me gustaría llegar a casa, cenar contigo con dos sencillas velas como testigos e invadir nuestra morada.


Y entre palabra y palabra….ya sabes.


Y entre mirada y mirada…ya sabes.


Yo te observo, analizo cada gesto y cada palabra que dices. Transmites una serenidad, una emotiva dulzura y una fortaleza emocional que me hacen entender que no solo estoy enamorado de la mujer, de tu belleza, de tu atrevimiento, de la chica aventurera, de la apasionada, de la compañera de viaje, de la figura atrayente para el resto, de la que tiene el gesto y la frase adecuada a cada situación.


No solo estoy de esa mujer enamorado sino que verdaderamente estoy de lo realmente importante:


De la persona.

Primero me atrajo tu físico, tu sonrisa. Después al descubrirte en la intimidad me atrajeron tus formas, tu manera de entregarte, tu pasión desenfrenada, tu capacidad para obtener el todo de mí. Pero dejé de ver el físico como algo lejano porque lo tengo cerca y me preguntaba como sería esta mujer cuando el tiempo en la calle fuera mayor que en la intimidad de la pareja y ahí me he dado cuenta que tras tu cuerpo, tu sonrisa y tu pasión como compañera se encuentra una gran mujer, una gran persona que provoca que los dos primeros factores, físico e intimidad, pasen a ser el complemento y no la base de la persona.

Me siento enamorado y digo me siento porque no es lo mismo sentirse enamorado que estar enamorado.

Puedes estar enamorado de alguien sin conocerlo pero no puedes decir que te sientas enamorado.


Y yo no estoy, YO SIENTO...


*************

Nota del autor:

Gracias compañero por hacerme partícipe de tu historia y entregarme este pedazo de tu corazón para compartirlo con el mundo, sentir lo que tu sientes debe ser sencillamente maravilloso, debe ser una experiencia irrepetible y única.

Me alegro por vosotros, sois afortunados, de los cobardes nunca se escribió nada.

23 de agosto de 2010

Ocho letras: LIBERTAD


Bonita palabra, LIBERTAD.

Junto con GRACIAS a mi parecer de las más bellas del vocabulario universal, da igual en el idioma que la pronuncies: Freedom, Liberté, Freiheit, Libertá, Liberdade... todas ellas suenan de manera sublime.

Hoy es un día muy feliz para dos familias que tras más de nueve meses reciben y abrazan a dos de sus familiares vilmente secuestrados por no se quien ni me interesa que escudados en una guerra sin razón ni base humana se dedican a financiar sus tropelias privando de libertad a personas que lo único que hacen y para lo que dedican su tiempo libre es a ayudar a sus propios hermanos y paisanos.

A estas horas Roque y Albert, Albert y Roque posiblemente ya se hayan fundido en un calido y esperado abrazo con sus seres queridos y ese será sin duda el momento en que se sientan libres.

No se habran sentido libres cuando liberados de su yugo y abandonados a su suerte en cualquier punto de África esperando que a por ellos y a cambio de millones de euros fuera algún militar o diplomático, no en ese momento.

Se habran sentido verdaderamente libres cuando hayan palpado el calor de sus esposas, hijos, padres y amigos, ese será seguro el momento en que sientan la grandeza de esas ocho letras unidas con un significado único y maravillos, LIBERTAD.

Seis meses atrás, Alicia, compañera y viajera solidaria fue liberada de aquel atraco al derecho humano fraguado a finales de noviembre del pasado año mientras se desplazaban por el continente africano en un conboy de ayuda humanitaria con el propósito de ayudar a los más desfavorecidos con la intención de ofrecer su dinero, su trabajo y sus conocimientos a cambio de nada.

Bueno, a cambio de su libertad y en muchos otros casos, desgraciadamente, quien sabe si a cambio de su vida.

Decía Max Stirner que: "La libertad no puede ser concedida graciosamente; tiene que ser conquistada gloriosamente."

Y ustedes... Alicia, Roque y Albert a los que no tengo el placer de conocer pero de los que en más de una ocasión os he tenido en mi recuerdo os digo que tras padecer lo padecido y tras vivir lo vivido habéis conquistado de la manera más gloriosa posible esa libertad de la que se os privó en el pasado.

Desde que somos pequeños deberíamos de recibir de aquellos que nos quieren un ramillete de valores que nos permitan en nuestra madurez apreciar todo aquello que parece que está a nuestro alcance pero de lo que a veces carecemos, libertad, agradecimiento, respeto a los demás, solidaridad, etcétera, etcétera...

Estaría bien que en nuestra niñez, aún cuando ni siquiera somos capaces de entender nada, un ser querido nos tomara en sus brazos, nos acercara a la orilla del mar y señalando a unas gaviotas con la luna de testigo nos explicara que esas gaviotas que revolotean al caer la tarde vuelan libremente porque ellas así lo deciden sin que nada ni nadie las obligue a ello o que aquella es la luna que cada día deja verse para conceder deseos a muchos que nos sentimos con la suficiente libertad como para pedirlos esperando que algún día puedan concederse.

Si no te sientes libre, desata tu soga y busca la libertad, muchas veces no significa que debas estar preso para carecer de ella.

Si eres libre, enhorabuena.

Disfrútala.


Roque Pascual, Alicia Gámez y Albert Vilalta, LIBRES.

19 de agosto de 2010

Barranco Blanco, Coín (Málaga)


Enclavado entre los terminos de Coín y Alhaurín el Grande, en la Costa del Sol malagueña está este bello rincón de la naturaleza donde hace unos días y gracias a la iniciativa de unas amigas pude disfrutar en grata, bella y aventurera compañía.

Bonito entorno, algo descuidado desgraciadamente por la falta de respeto al medio ambiente de todos aquellos que vamos a este tipo de lugares. Un lugar que es idílico puede convertirse en un vertedero gracias a la colaboración de aquellos que despues de pasar un día genial se dedican a dejar o tirar la basura y no recogerla y llevarla a su casa de vuelta o a depositarla en cualquier contenedor cercano.

No obstante merece mucho la pena visitar el lugar con dos alternativas claras a la hora de adentrarnos en el paraje, una a través de su río subiéndolo con bastante cuidado atravesando sus cristalinas aguas y alguna que otra poza hasta llegar al final y la otra manera es caminando a través de un sendero paralelo entre la maleza escuchando como el agua corre a escasos metros.

Si además aderezas la visita con alguien con quien poder sentarte en una roca y observar el verdor del margen del arroyo u oir como el agua brota y corre a través de sus rocas mejor que mejor.

Aconsejo a quien lo visite que hay zonas que o te mojas para llegar al otro lado o corres el riesgo de pasar practicamente en vertical por la pared, con ello quiero decir que es fundamental llevar una mochila acuática o un bote estanco para cámaras, comida, etc., sino tienes serias posibilidades de acabar en el agua o lesionado como un servidor.
Algunas fotos:





5 de agosto de 2010

Compañeros de viaje


Nunca debes pensar que cuando un día amanece esta todo prácticamente organizado y que difícilmente ocurra algo que lo altere o que aparezca una sorpresa que haga que ese martilleante y sin sentido día pueda convertirse y cerrarse de una manera mágica e irrepetible.

No debes pensarlo, cualquier cosa puede ocurrir incluso faltando minutos para que acabe el día y te dispongas a meterte en la cama para descansar y “mimí” (dormir en no recuerdo que idioma).

Y escribo esto porque es habitual que pensemos así casi a diario pero debemos de tener un motivo o un objeto de vida que nos haga mantener la ilusión de que cualquier día puede ser maravilloso independientemente de cómo nos planteemos su forma en los albores de cada mañana.

Todo eso lógicamente es mas fácil si en tu vida existen esas personas que con su hacer y su amor o amistad se encargan de que ocurra lo que no podías imaginar horas atrás cuando tu despertador suena para empezar un nuevo día, tu “primer día”.

Esas personas suelen ser amigos, familiares o alguien tan especial en tu vida que sea capaz de provocar que la comisura de tus labios al sonreir esté mas cerca de tus orejas que de tus hombros.

La vida (y de esto he hablado y escrito en varias ocasiones) es como un viaje, un intenso y enigmático viaje que podemos realizarlo en solitario o de la mano de esos que yo denomino “compañeros de viaje”.

El “compañero de viaje” es aquel que siempre está contigo en cada etapa de tu vital trayecto, el que te apoya, el que te hace sentir diferente e incita a que tu vida pueda ser maravillosa.

Evidentemente existe el “compañero de viaje amigo”, que sería de nuestra vida sin un verdadero amigo en nuestro viaje, pero amigos de verdad de los que nos sobran dedos en una mano para contarlos, de los que siempre andan un metro tras de ti y de esos que cuando caes te ayudan a levantarte sin preguntar porque caíste. Ese es el verdadero amigo no el que te pregunta que provocó tu caída.

A ese no le interesa que te ocurre sino porque te ocurre, aléjate de ellos.

Pero de todos los “compañeros de viaje” yo me quedo con el que comparte contigo en momentos determinados de tu vida tus sentimientos, tu corazón y tus experiencias.

El compañero que ama, que siente, que vive, que comparte…

El compañero que aparece cuando no lo esperas, el que desnuda su alma ante ti, el que todo te lo ofrece, el que sería capaz de ir al fin del mundo contigo, el que provoca que nada sea breve entre tu y él (o ella claro), el que estimula que todo este más cerca de la eternidad que de la inmediatez.

El compañero que produce que nada sea indiferente, todo especial, el compañero que te atrapa, que te aprisiona en su romántica celda y te aferra a su ser.

Algunos, muchos desgraciadamente, no encuentran nunca a ese “compañero de viaje” en muchos casos porque la predisposición a ello es nula o porque la autoestima está tan cerca del suelo que podría pisarse pero animo a todos los que sin encontrarlo o habiéndolo encontrado lo hayan dejado ir o perder que no ceséis en vuestro empeño y tengáis la fortuna de poder encontrar a alguien que comparta el peso de tu equipaje, que vea los mismos amaneceres que tú cada día y que mirando al mar sea capaz de ver mucho más allá que donde rompen las olas, sea capaz de mirar y otear en el horizonte infinito.

Ese compañero que piensa en ti a cada instante, ese que te susurra al oído, que acaricia y provoca que tu piel sienta escalofrío, que te hace tocar el cielo, ese que te sorprende de manera increíble cuando menos lo esperas, ese que no aparta la mirada de ti porque sencillamente mirar hacia otro sitio es absurdo e innecesario.

Sabes de que hablo y sabes que en la maleta de mi vida siempre existirá un hueco para tu cepillo de dientes.

Gracias por aparecer…

Diem _-_