A mis padres, a mi hermana, a mis “pocos” amigos y por supuesto a ti por estar, aquí y ahora, tan cerca de mi soñando mientras escribo esto.
Parece que fue ayer cuando ultimaba los detalles para la cena de fin de año de 2009.
Parece que fue ayer y como ha cambiado todo.
Aquella noche que con las doce campanadas abrió este año 2010 que hoy termina pedí tres deseos a cumplir durante estos doce frenéticos meses de mi vida.
De los tres, dos cumplidos en lo que a salud y trabajo se refiere, el tercero, será difícil que algún día pueda cumplirse. Posiblemente jamás, aunque la esperanza nunca la perderé ya que soy persona que confía en su destino.
El escenario de futuro que veía en aquel momento bien poco se parece al que vivo en la actualidad, es por eso que pienso que la vida nunca sabes como puede sorprenderte y puedes pasar de la más absoluta miseria personal a tocar con la punta de los dedos la felicidad más absoluta.
Contar lo sucedido es absurdo, al pasado tierra.
Pero secciono mi año en dos partes bien diferenciadas que casualmente parten en dos de una manera real esta etapa.
Fue un año de corazones rotos, de amistades perdidas, de negocios en crisis, de nubes volcánicas, de sueños incumplidos, de depresiones, de perdidas de peso, de llantos y lamentos…
Pero también ha sido un año de corazones sanados, de amistades ganadas, del trabajo soñado, de viajes y experiencias maravillosas, de sueños cumplidos, de ilusiones, de cambio de imagen, de sonrisas y besos…
Por fin te marchas 2010 y tengo la sensación de odiarte por como me recibiste a primeros de año, o amarte por como me despides, porque ni en el mejor de mis sueños podría imaginar de la manera que cierro tu puerta y abro la de esta nueva década que comienza.
Jamás imaginé sentir lo que he sentido, jamás imaginé experimentar lo que he experimentado y vivir lo que he vivido.
En pocos días sumo un año más a mi tarta de cumpleaños pero tengo la sensación de haber cumplido en estos 365 días muchos más qué uno solo, parece que pasaron diez al menos, de una tacada.
Soy la misma persona, sin duda, pero soy un hombre nuevo, con nuevas ambiciones, nuevos proyectos y nuevas ganas de vivir, compartir, sentir y amar…
Ahora llego de pasear por mi nueva ciudad, de observar como esta navidad diferente me atrapa en sus calles.
Cierto es, que no es Sevilla, mi tierra, mi madre, pero es una ciudad maravillosa, con gente estupenda y que hago mía desde el momento que me planteé vivir en ella.
Bien pudiera ser cualquier otra ciudad del mundo, cualquier otro país, pero el destino quiso que aquella noche de junio el ángel que se apareció ante mi habitara en este rincón del sur de España.
Si hubieses morado en Brasil, allí hubiese ido a bailar capoeira, si hubiese sido en Cuba, allí estaría bailando salsa, en Colombia, vallenato o sirtaki en Grecia, pero mi destino quiso que fuera aquí donde también puedo bailar sevillanas, por suerte.
Es el año del “gracias por aparecer”, del “todo llegará”, del “nada ocurre por casualidad”, del “Carpe diem”, el año de mi Camino de Santiago, de Facebook y de mil historias más.
Hasta otra 2010, después de todo hasta tengo que darte las gracias y quererte…
Felices Fiestas a todos los que seguís este humilde blog desde lugares como Argentina, Francia, USA, México, Chile, Cuba, Marruecos, Perú, Colombia, Alemania, Bélgica, Costa Rica, Reino Unido, Panamá, Portugal, Italia, República Dominicana, Suiza, Uruguay, Venezuela, Brasil y muchos sitios más.
Y por supuesto a aquellos que lo hacéis desde casi todos los rincones de España.
De verdad gracias por haberle dedicado a este espacio un ratito de vuestra vida y haberos convertido en mis compañeros de viaje en este año tan especial para mi que acaba.
Feliz Año Nuevo a todos, nos vemos compañeros…
P.D.: Lo sabes, ¿no?

Aquí os dejo una galería de diez imagenes que corresponden a la Navidad malagueña, pincha en la imagen para ver la galería o aquí para ver la presentación.