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23 de marzo de 2011

Regalos de Artabán



Hoy he recibido un regalo.

Y ayer también lo recibí, y mañana espero ansioso volver a tenerlo.

Hoy como hace meses, he vuelto a recibir un regalo que adquiere múltiples formas y que no deja de sorprenderme y emocionarme como aquel niño que fui cualquier mañana de seis de enero.

Mi regalo está compuesto por una gigantesca caja, con un inmenso envoltorio que en su interior posee y está repleto de no se qué clases y tipos de sorpresas y presentes.

Mi regalo tiene forma de palabras sinceras, de conversaciones en la distancia, de miradas, de caricias, de reflejos en espejos, de compañía viajera, de piel erizada.

Mi regalo adquiere maneras de “buenos días mi amor”, de paseo por la playa, de subida a una montaña, de sonrisas, de futuro cauto, de miles de fotografías, de sueños.

Mi regalo se presenta como un ángel peregrino, como un susurro al oído, como un consejo permanente, como paciencia extrema.

Mi regalo es amistad, respeto, lealtad, sencillez, valentía, convivencia y por supuesto, amor.

Hay momentos en la vida en los que perdemos la fe y la ilusión por recibir esos regalos que anhelamos, que quizá tuvimos en algún momento, pero que como aquellos "barcos piratas de famobil” se le agotan las pilas, o se pierden las piezas de los mismos como en “tentes” o "parvulín tecleo".

Hubo un momento en mi vida que dejé de tener fe, dejé de profesar en la ilusión y en el destino, como cuando dejé de creer en los Reyes Magos por ejemplo, yo pensaba que aquello que me contó Antonio “El Rubio”, un chavalote del barrio una mañana de recreo, cuando apenas tenía ocho o nueve años, de que los Magos de Oriente no existían, era mentira.

Creía que los Reyes existían.

Y que simple e ingenuo era y lo soy, porque los Reyes existen, y Santa Claus, y Olentzero, el carbonero vasco y también Artabán, el cuarto Rey Mago. Si el cuarto Rey Mago.

Melchor, Gaspar, Baltasar y Artabán.

Y como ese desconocido, aventurero y soñador Rey, nunca tarde pero en su preciso momento llegará, llegará en el momento adecuado en forma de regalo del que aun espero que me quede mucho por descubrir, por desenvolver y por disfrutar como aquellas chocolatinas que aparecían dentro de mis zapatillas cada amanecer del sexto día del año.

No dejemos de pensar en que todos tenemos una visita pendiente de Artabán en forma de diamante de amistad, jaspe de amor, rubí de gratitud o de quien sabe cómo y de que manera.

No olvides que los Reyes Magos existen y que siempre se guardan el mejor de los regalos para el momento perfecto, cuando el pasado es tierra, el presente es vida y el futuro destino.

Lo sabes, ¿verdad?

17 de marzo de 2011

Ama...




"Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal."
Agnes Gonxha (1910 - 1997)


A veces necesitamos escribir, a veces necesitamos volcarnos en unas humildes y miseras letras para transmitir lo que sentimos. No se, si como prueba de valor oculto o cobardía mostrada.

Es necesario transmitir lo que uno siente.

Con tu familia, con tus amigos, con tu pareja.

No dejes nada en esa caja llena de sentimientos que todos poseemos, en ocasiones repleta de ellos y en otras muchas escasa de los mismos.

Pero no lo digas, no basta con decir "te quiero" o "eres mi mejor amigo". Nada de palabrería barata.

Demuéstralo, actúa, haz...

No dejes pasar un solo día sin transmitir a aquellos que amas lo que sientes, descuelga el teléfono y llama, da un simple toque, envía un sms, escribe una carta o acércate al portal de su casa y llama al telefonillo.

Ama.

Es el camino más corto para alcanzar la felicidad, o al menos, para acercarnos a ella lo máximo posible, aunque solo sea por momentos.

Ama.

Sonríe, no llores...

Ama y sobre todo, vive.

Necesitba escribir algo, 3:24 horas, subo...

3 de marzo de 2011

Always London



To Sonia, my friend, for there showing me the city that wanted to know.

Con el paso de los años, con las experiencias vividas, intento ser más exquisito en los viajes. Me desmarco de lo tradicional, me apetece mezclarme, integrarme allá donde voy, apartándome de mi sello característico del que a veces marca mi etiqueta cotidiana.

De todos los lugares conocidos hasta ahora, sin duda, Londres ha sido ése en el que más “in” me he sentido.

Las opiniones vertidas sobre “la city” son muy contradictorias, hay gente a la que no le gusta mucho y otras a las que les impresiona. Lo cierto es que en ningún caso es una ciudad que muestre indiferencia al viajero y mucho menos que pase desapercibida para quien la visita.

Son muchos los puntos de interés para visitar y muy conocidos por todos, Big Ben, Tower of London, Abadía de Wenminster, etc. pero el verdadero interés, sin desmerecer lo anterior para mí ha sido su gente, sus calles.

La mezcla de razas conviviendo bajo el mismo manto de neón que ofrece la noche, el trasiego de ejecutivos “juppys” mezclados con turistas de cualquier parte del mundo y la sensación de que lo hispano, lo nuestro, nuestros compatriotas, nuestros amigos, nuestra castellana lengua es y existe como la primera en cualquier punto de la capital británica.

¿Quién no tiene, o ha tenido, un familiar o un amigo viviendo en Londres?

Y yo tengo una amiga en Londres, alguien a la que agradeceré enormemente el detalle que tuvo conmigo aquel fin de semana de julio en el que nuestra selección española se proclamaba campeona del mundo de fútbol y que no olvidaré en muchos años o quizás nunca.

Admiro a esa gente que “abandona” a su familia, a sus amigos, a sus seres queridos para emprender una nueva etapa en la vida buscando la satisfacción personal y profesional.

Admiro a aquellas personas que inician la partida con el marcador a cero, que en el transcurso de su experiencia empiezan a encajar goles, pero que el tesón, la perseverancia y las ganas de vivir y comerse el mundo al final provocan que el marcador de la vuelta y se gane por goleada.

Empezamos perdiendo “my friend” pero ahora estamos goleando, los tres estamos ganando este partido a cara de perros que es la propia vida.

Ahora intento en mis escapadas, en mis viajes, huir de lo tópico y buscar a alguien en vez de algo.

Si voy a Madrid es para ver a José Antonio, no la Puerta de Alcalá (tengo que ir a verte hermano), si voy a Colombia es para ver a Claudia no su catedral (no me olvido de ti Clau), si voy a Galicia, Lanzarote, Valencia, etc. es para ver a amigos por el mundo, conocer nuevas personas y que ellos se encarguen se mostrarme su ciudad, su tierra. La que pocos ven y disfrutan.

Se he visitado Londres, es entre “otras cosas”, porque lo prometimos y por supuesto para verte “my friend”.

Desde que nos vimos en Trafalgar Square, mientras miles de chinos celebraban la entrada de año nuevo, el “Año del Conejo”, el viaje ha sido fantástico, no solo por enseñarnos lo tradicional si no también por mostrarme la ciudad a tu manera, como tu la disfrutas cuando te queda algo de tiempo robado a ese sacrificado trabajo.

Por pasear a orillas del Támesis, por contemplar el Tower Bridge en la noche, por aquella pizza frente a la catedral de Sant Paul, aquellos tallarines “japos” sentado en el “culo” de una vespa en Campden Town, aquellas salsas y merengues hasta la madrugada, aquel cacao en la primera planta del “Maison Bertaux” o el café con tarta de queso en el 1001 mientras que Mateo, aquel italiano ambiguo conversaba conmigo en un inglés muy de andar por casa.

¿Por qué todos los italianos se llaman Mateo?, es curioso.

Ahora en que mi vida la he convertido en un viaje permanente de emociones y vivencias en la que mi piel es mucho más sensible, mi corazón es más cautivo y mis valores más acentuados, haber vivido la experiencia de conocer esta ciudad donde la extravagancia puede ser un estilo de vida, donde los prejuicios parecen que no existen y que puedes pasear por sus calles con un calcetín de cada color, el pelo teñido de mil colores, una chaqueta de cuadros con un pantalón de rayas sin que seas un bicho raro…

Me alegro mucho de haber venido, de haberte conocido London y siento no haber tenido la oportunidad en su día de pasar una temporada de mi vida "ganándome las papas" en una tienda de Oxford Street, un bar en el Soho o como mimo en Picadilly.

Quien sabe, nunca es tarde para nada, siempre es pronto para todo.

"Always London, always we"


Ver album de fotos de Londres.

Ver presentación de fotos de Londres.

20 de febrero de 2011

"Asturias y sus contrastes", por Juan Noval



Juan Noval, es amigo.

Apenas un par de conversaciones profundas compartiendo mesa y mantel con un tipo como él en tierras de Jaén te pueden hacer sentir y compartir opiniones y vivencias sobre la misma vida , a la vez que sentir una envidia sana por alguién que lleva toda la vida subiéndose a trenes que paran frente a él.

Muchos descarrilaron, otros...

En aquellas charlas Juan, el fiu de Quico, hablaba de algo que llevaba tiempo escribiendo desarrollando y que le apetecía poner a servicio de todos como "la mano amiga de un viajero asturiano".

Es la visión personal sobre su tierra que nos puede servir como cicerone para cuando visitemos Asturias.

Gracias por este regalo, Juan.

***


Bueno , familia y amigos todos, ya subí en globo, plante el arbol y ¡¡ por fin !! acabe el " libro", bueno lo del libro quizas es realzar demasiado su categoría, pero si esto puede ayudar a alguien a tomar una decisión, cual es si Asturias puede ser su destino viajero y si decide ir a la tierrina, además le puede servir de pinceladas para disfrutar mas y mejor... pues... ¡ ya está !.

¡¡ Aviso !!, tiene registro de propiedad intelectual , cualquier manipulación ( mal intencionada ) del mismo, puede ser castigado severamente por los tribunales competentes.

¡¡ Ah !!, renuncio al novel de las letras, al planeta y cualquiera de los prestigiosos premios de las letras.

( ¡¡ joer !! y lo bien que me lo he pasado escribiéndolo... ¿ habra premio mejor que ese ? )


Para todos vosotros y para los que les pueda servir...

Juan Noval.



13 de febrero de 2011

40 fotos de "Nuestro Camino"

Durante estos últimos meses he ido publicando mi experiencia en el Camino de Santiago en varios capitulos ilustrados con distintas fotografías tomadas antes, durante y después de "Mi Camino".

A continuación dejo dos enlaces tanto al album como de la presentación de estas fotos que tanto significado emocional tienen para mi y para aquellos que imagino hayan vivido esta experiencia.

Pincha en la imagen de la compostela para ver la presentación o aquí para ver el album de Flickr.

Espero que os guste peregrinos...

26 de enero de 2011

En tierra de molinos de viento...



"A las Dulcineas que esperan en sus humildes posadas a que su Quijote aparezca."

Aquí, en la soledad de una humilde habitación de hotel, entrando en la madrugada.

Bajo cero marca el mercurio en la calle y viviendo de esta nueva etapa profesional que me toca disfrutar y de la que me siento inmensamente feliz.

Pero...

Ahora en tierras manchegas, tierra de valdepeñas, de quesos y de pistos.

De molinos de viento, de gigantes a los ojos de Don Quijote.

Todos llevamos un Quijote dentro, todos soñamos con una Ínsula Barataria donde refugiarnos en la vida y con un bella Dulcinea del Toboso que enamorada espere a su hidalgo caballero, de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor, en alguna posada quién sabe si por Campos de Criptana o en cualquier otro lugar de La Mancha.

Ya encontré mi ínsula, quizá no mi hidalguía, pero si mi nobleza.

Cambié lanza por bolígrafo, adarga por carpetas y folletos, rocín por coche desgastado y galgo corredor por ordenador portátil.

Pero ya no lucho con molinos, no me quedan fuerzas, ya no veo gigantes, mi batalla está perdida, mi guerra es otra.

Ahora desde esta gran tierra hispana, donde lo español se saborea, donde no hay diferencias ni distinciones separatistas, y donde su extraordinaria gente me cobija y me recibe de nuevo con los brazos abiertos tras muchos años de ausencia...

...solo pienso en volver a mi posada, a mi humilde morada, con el deber del trabajo cumplido, con el alma y la conciencia limpia como patenas y con el cansancio suficiente como para recuperar pronto las ganas de sentir y de vivir.

Y allí como Don Alonso Quijano, como ingenioso caballero, espero encontrar a mi Dulcinea como siempre, con las lagrimas secadas con el paso de los días, pero con el corazón latente e impaciente por ver aparecer a rocinante y su amo en el horizonte infinito.

Ya te siento Dulcinea...







Gracias a toda la extraordinaria gente de Ciudad Real

5 de enero de 2011

Mi autoregalo de cumpleaños.

Texto extraído del Blog de Paulo Coelho y gracias a una publicación de mi amiga Mercedes Martínez en su muro de Facebook.

Gracias amiga, gracias vecina, por hacerme llegar ésto para compartirlo con todos en el día de mi cumple.

Y también gracias a ti, Paulo. Eres uno de los grandes.

2010: CERRANDO CIRCULOS, por Paulo Coelho

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?. Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse.


No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes.

¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender “tu televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentalmente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver.

Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo.


31 de diciembre de 2010

Hasta otra 2010 (y Navidades boqueronas)


A mis padres, a mi hermana, a mis “pocos” amigos y por supuesto a ti por estar, aquí y ahora, tan cerca de mi soñando mientras escribo esto.


Parece que fue ayer cuando ultimaba los detalles para la cena de fin de año de 2009.

Parece que fue ayer y como ha cambiado todo.

Aquella noche que con las doce campanadas abrió este año 2010 que hoy termina pedí tres deseos a cumplir durante estos doce frenéticos meses de mi vida.

De los tres, dos cumplidos en lo que a salud y trabajo se refiere, el tercero, será difícil que algún día pueda cumplirse. Posiblemente jamás, aunque la esperanza nunca la perderé ya que soy persona que confía en su destino.

El escenario de futuro que veía en aquel momento bien poco se parece al que vivo en la actualidad, es por eso que pienso que la vida nunca sabes como puede sorprenderte y puedes pasar de la más absoluta miseria personal a tocar con la punta de los dedos la felicidad más absoluta.

Contar lo sucedido es absurdo, al pasado tierra.

Pero secciono mi año en dos partes bien diferenciadas que casualmente parten en dos de una manera real esta etapa.

Fue un año de corazones rotos, de amistades perdidas, de negocios en crisis, de nubes volcánicas, de sueños incumplidos, de depresiones, de perdidas de peso, de llantos y lamentos…

Pero también ha sido un año de corazones sanados, de amistades ganadas, del trabajo soñado, de viajes y experiencias maravillosas, de sueños cumplidos, de ilusiones, de cambio de imagen, de sonrisas y besos…

Por fin te marchas 2010 y tengo la sensación de odiarte por como me recibiste a primeros de año, o amarte por como me despides, porque ni en el mejor de mis sueños podría imaginar de la manera que cierro tu puerta y abro la de esta nueva década que comienza.

Jamás imaginé sentir lo que he sentido, jamás imaginé experimentar lo que he experimentado y vivir lo que he vivido.

En pocos días sumo un año más a mi tarta de cumpleaños pero tengo la sensación de haber cumplido en estos 365 días muchos más qué uno solo, parece que pasaron diez al menos, de una tacada.

Soy la misma persona, sin duda, pero soy un hombre nuevo, con nuevas ambiciones, nuevos proyectos y nuevas ganas de vivir, compartir, sentir y amar…

Ahora llego de pasear por mi nueva ciudad, de observar como esta navidad diferente me atrapa en sus calles.

Cierto es, que no es Sevilla, mi tierra, mi madre, pero es una ciudad maravillosa, con gente estupenda y que hago mía desde el momento que me planteé vivir en ella.

Bien pudiera ser cualquier otra ciudad del mundo, cualquier otro país, pero el destino quiso que aquella noche de junio el ángel que se apareció ante mi habitara en este rincón del sur de España.

Si hubieses morado en Brasil, allí hubiese ido a bailar capoeira, si hubiese sido en Cuba, allí estaría bailando salsa, en Colombia, vallenato o sirtaki en Grecia, pero mi destino quiso que fuera aquí donde también puedo bailar sevillanas, por suerte.

Es el año del “gracias por aparecer”, del “todo llegará”, del “nada ocurre por casualidad”, del “Carpe diem”, el año de mi Camino de Santiago, de Facebook y de mil historias más.

Hasta otra 2010, después de todo hasta tengo que darte las gracias y quererte…

Felices Fiestas a todos los que seguís este humilde blog desde lugares como Argentina, Francia, USA, México, Chile, Cuba, Marruecos, Perú, Colombia, Alemania, Bélgica, Costa Rica, Reino Unido, Panamá, Portugal, Italia, República Dominicana, Suiza, Uruguay, Venezuela, Brasil y muchos sitios más.

Y por supuesto a aquellos que lo hacéis desde casi todos los rincones de España.

De verdad gracias por haberle dedicado a este espacio un ratito de vuestra vida y haberos convertido en mis compañeros de viaje en este año tan especial para mi que acaba.

Feliz Año Nuevo a todos, nos vemos compañeros…

P.D.: Lo sabes, ¿no?

Aquí os dejo una galería de diez imagenes que corresponden a la Navidad malagueña, pincha en la imagen para ver la galería o aquí para ver la presentación.



26 de diciembre de 2010

Mi Camino de Santiago (y XI) - Santiago en forma de epílogo


Como epílogo a este relato, el recuerdo de las horas siguientes tras alcanzar la gloria compostelana disfrutando de esta maravillosa y mágica ciudad gallega.

Y sobre todo el regalo que nos tenía preparado Carlos Núñez con la Sinfónica de Galicia en la misma Plaza del Obradoiro.

Aquella noche en el corazón de la ciudad se vivió uno de esos conciertos que quedan para la historia de la música y es que pudimos ser testigos de cómo el Maestro Núñez nos deleitaba durante más de dos horas con su repertorio de música tradicional gallega de raíces celtas bajo el amparo de la catedral compostelana mientras observábamos como el día moría dando paso a la noche en el mismo corazón de la villa.

Gran regalo para los peregrinos que llegamos aquel día y que nos dejo un maravilloso sabor de boca poniendo el broche de oro a aquella jornada en que llegamos a Santiago.

Esos dos días en Santiago me sirvieron para gestionar la burocracia del camino, o sea, solicitar la Compostela, asistir el domingo a la misa del peregrino, cruzar la Puerta Santa al ser año Santo Compostelano y subir al camarín donde se ubica el Apóstol y abrazarlo agradeciendo lo vivido y pidiendo aquello de lo que hoy disfruto.

“Gracias Santi” como diría Claudia.

También pudimos disfrutar de una mariscada en toda regla en un restaurante de Rúa do Vilar, de un delicioso café en la terraza del Bar Fonseca o de algún que otro capricho en forma de pastel por esas confiterías que quitan el hipo con solo ver sus escaparates.

Saltamos a la comba, jugamos al diábolo o a la rana en el parque de la alameda, besamos a “Las Marías”, abrazamos corazones y sentí el pellizco al despedirme de Claudia y José Antonio.

Nunca olvidaré la cara de Claudia girada en el asiento de atrás de aquel taxi agradeciendo con su mirada todo lo vivido.

Recuerdo como la relajación era total, como mi cara, nuestras caras transmitían serenidad, tranquilidad y felicidad por lo logrado.

La horas pasan muy rápido en la ciudad compostelana.

Siempre hay algo que hacer pero me quedo con la noche, cuando ya todo el bullicio de la ciudad se ha desvanecido, cuando por las calles solo deambulamos cuatro románticos bohemios y alguna pandilla de jóvenes universitarios o peregrinos con ganas de fiestecilla.

Pasear por la noche en Santiago es una experiencia sin igual, lo que durante el día es un hervidero, por la noche es la más absoluta calma.

La ciudad descansa, la ciudad dormita y espera a que al día siguiente todo vuelva a ser igual que la jornada que muere.

Mientras tanto, nosotros volvemos camino de nuestro alojamiento en busca de descanso, agarrados, parando cada no más de diez metros para mirarnos el uno al otro y desear que todo sea así para siempre.

Una caricia, un tímido beso y otros veinte pasos, así hasta llegar hasta la Plaza del Obradoiro donde queda solo la secuela del concierto del día anterior y de fondo una maravillosa voz entona las últimas letras de una melódica canción.

Una pareja sentada en el suelo, se levanta y se marcha.

Nosotros llegamos frente a este joven del que hemos quedado cautivados por su voz.

De aspecto desaliñado, melenudo, de barba larga, como salido del profundo Londres de los setenta, una guitarra entre sus manos, la caja a sus pies con algunas monedas y afinando las cuerdas de su destartalado instrumento.

Me acerco, echo un par de euros y me distancio de él como unos cinco metros.

Agradece mi gesto, yo me siento en el suelo junto a ti, apoyado en la pared frente a él.

Echo mi brazo sobre tus hombros, aparto el cabello de tu cara, te miro, te beso suavemente y aquel joven artista empieza a tocar y cantar para nosotros el legendario “Something” de los Beatles…


11 de diciembre de 2010

Mi Camino de Santiago (X) - Última etapa de este camino


Antes de relatar la última etapa de este Camino quiero que recibas este post como regalo en el día de tu cumpleaños por ser la protagonista de muchas de las vivencias que durante diez capítulos he contado.

Sencillamente por ser, sencillamente por aparecer en mi camino...

... FELICIDADES peregrina (30 -1).



Es muy temprano, acaba de sonar el despertador, son las cinco de la mañana.

La etapa de hoy es la última de este camino que hace días empecé en O Cebreiro y que salvo decisión de última hora me llevará a los pies del Apóstol Santiago en la capital compostelana.

He barajado la posibilidad de finalizar la etapa en el Monte do Gozo pero si llegadas las diez de la mañana llego a este punto me plantearé proseguir hasta Santiago.

No hay donde desayunar, aún no han dado las seis de la mañana, y me dispongo a partir en la cerrada noche aún atravesando el tupido bosque de eucaliptos que queda a la salida de Arcas.

Antes José Antonio y yo hemos cambiado a modo de trueque unas barritas energéticas por un kitkat antes de coger ventaja con respecto a Claudia y a él, ya que mi ritmo será algo más intenso en esta ruta.

Durante al menos dos horas, el paisaje que deja a mi paso la oscuridad es una mezcla entre temor y motivación por poder acariciar las puertas de Santiago en un día tan importante como éste, el día en el que alcanzaré la gloria compostelana.

La tranquilidad de la soledad del camino me recuerda a las etapas de los primeros días donde la luz de mi linterna y el roce de las trinchas de mi mochila eran fieles compañeras de viaje.

Oscuridad, tiniebla y el sonido del silencio, son mis acompañantes en esta primera parte de la etapa, al fondo, pasadas un par de horas, la incandescencia de las balizas del aeropuerto de Santiago marcan como si un falso amanecer apareciera tras el cerro de Lavacolla hasta llegar a la valla del perímetro del aeropuerto, decorada de cruces de madera y donde una gigantesca estructura de hormigón y metal iluminada, parece una nave espacial recién aterrizada de cualquiera de esas constelaciones que la noche antes observamos desde Pedrouzo con José Antonio “el astrónomo”.

Poco más adelante dos peregrinos recogen sus enseres después de haber pasado toda la noche al raso y unos quinientos metros después antes de buscar el camino a San Paio un señor aparece de entre la bruma ofreciendo camas para dormir esa noche en Santiago en un gesto de cómo alguien puede buscarse la vida de la manera más inverosímil posible sin tener en cuenta horas y formas más allá de la necesidad que probablemente tenga de que cada noche su casa o pensión tenga la mayor ocupación posible para poder llegar a fin de mes.

Yo tenía alojamiento cerrado en Compostela pero de no haber sido así bien sabe el Apóstol que le hubiese reservado algo a este pobre hombre que allí esperaba a que algún peregrino necesitara de su ofrecimiento y hospitalidad.

Con las claritas del día voy entrando en la localidad de Lavacolla donde un perro es el anfitrión de esta villa y que hace de sereno al paso de los pocos que por allí transitamos antes de pasar junto al cauce del río Sionlla o Arroyo de Lavacolla donde antaño los peregrinos lavaban sus ropajes y se aseaban ante la inminente llegada en apenas diez kilómetros a la ciudad santa.

Paro a desayunar en Casa Amancio un coqueto bar y albergue con la peculiaridad de que sus paredes de piedra guardan cientos de monedas de céntimos apoyadas sobre los salientes de las piedras dando un toque peculiar al establecimiento.

Pido la cuenta del desayuno, tres euros con treinta céntimos, busco la chatarra en el bolsillo de mi pantalón y solo tengo tres euros con veinte, el resto un billete de cincuenta.

No me apetece cambiar y echo mano a dos monedas de cinco céntimos para cuadrar mi cuenta y dejar la roncha pagada.

No se si aquellas monedas estaban allí para eso, no pregunte el significado, pero me sirvieron de mucha ayuda para evitar cambiar el último billete de cincuenta que me quedaba.

A partir de aquí, un interminable tramo asfaltado de moderada subida y otro largísimo en línea recta dejando al lado los edificios de las cadenas de televisión hasta llegar al Monte do Gozo.

Y allí, en lo alto de aquella colina coronada por su imponente monumento cobrizo que mira hacia la ciudad que a poco más de cinco kilómetros alberga el momento de la gloria es donde muchos consideran que verdaderamente acaba el camino para el peregrino.

Ahora entiendo lo del Gozo, eso era lo que se respiraba en aquel lugar, el gozo y disfrute de aquellos que tras duras etapas y jornadas de andar, pedalear o cabalgar saben que a poco más de una hora llegaran a la Plaza del Obradoiro. Es allí desde donde se divisan las torres de la catedral de Santiago, altivas, señoriales y esbeltas como brazos alzados esperando a recibir a sus hijos caminantes, es allí donde se respira que todo termina, o que todo empieza según se mire. Allí en el Monte del Gozo se mezclan las caras sonrientes con las de sufrimientos, allí ya no queda dolor, solo queda gloria. Gloria eterna para aquellos que emprenderán la bajada hacia la Ciudad Sacra, gloria para aquellos que partieron desde Roncesvalles, Oviedo, Sevilla, Lisboa, Braga, Tui, Sarria, Astorga y un largo etcétera. Gloria eterna para aquellos que vinieron de otros países, de otras culturas atraídos por la indescriptible fuerza que tiene esta ruta que tanto marca en la vida de un ser humano.

Y con el alma llena de satisfacción inicio el camino de bajada hacia Santiago atravesando el extrarradio de la ciudad por la Rúa de San Lázaro, mezclándome con los ciudadanos que acostumbrados al trasiego de peregrinos apenas te tienen en cuenta pero yo ando, camino, alargo el paso para intentar llegar a tiempo a la misa del peregrino algo que por cierto intuyo que será prácticamente imposible pero no importa tengo una vida para ello.

Cuando llego a la Rúa de San Pedro la sensación de que todo está a punto de finalizar es inevitable, al final de San Pedro, la Porta do Camiño, antigua entrada a la ciudad vieja por donde los peregrinos se adentraban en Compostela. Subo hasta la Plaza de Cervantes y tras el repecho de la adoquinada Acibechería aparezco en la multitudinaria Plaza de la Inmaculada donde unas interminables colas de visitantes aguardan a que empiece la misa.

En ese lugar ya la emoción me embriaga, es insoportable, estoy tocando con mis manos las mismas puertas del cielo peregrino. El ruido del bullicio de la gente se mezcla con el sonido que algún gaitero emana de su preciado instrumento escondido por los rincones de esos edificios oscuros característicos de Santiago que en un esplendoroso día soleado parecen secar sus paredes de una humedad que por mucho sol que ilumine será imposible desaguar el calado de tantos días de lluvia.

Muchas veces estuve en Santiago, vi llover en Santiago y es cierto que hay dos ciudades distintas en función de si el hermano de Tiago, Pedro, llora o no pero para el día que culminara mi Camino deseaba que el sol estuviese fuera, que sirviera de luz que ilumine mi gloria y que pusiera tregua a esas jornadas de lluvia vividas con antelación.

Y al fondo el Arco del Palacio, la arcada que da paso a Obradoiro, ese lugar emblemático donde siempre te recibe un gaitero, un grupo de músicos o un tenor entonando el Ave María de Schubert que como si de aduaneros del camino se trataran ofrecen su música a cambio de nada, ellos pondrán la banda sonora al momento que pisas la Plaza, la más emblemática plaza del mundo, al menos para mi.

Vengo del este, por donde el sol amanece cada mañana, atravieso el arco y giro hacia el sur, hacia mi tierra, desde donde partí jornadas atrás y en ese momento en el que me adentro en el corazón de la villa compostelana, dejando el hospital de peregrinos al norte, al que tanto amo por ver nacer al ser más maravilloso que se cruzó en mi vida doy mi espalda al oeste y cuando el sol brilla en lo más alto del día, me paro, dejo de caminar, tomo aire, contengo la respiración, levanto la mirada y allí me dejó llevar por una emoción contenida frente a la fachada de la Catedral de la Cristiandad.

Me siento el centro del universo, las cuatro puntos cardinales convergen en mi ser, norte, sur, este y oeste son testigos de mi humilde hazaña.

Allí, entre un mar de personas, frente a las escalinatas que conducen a la antesala del Pórtico de la Gloria me derrumbo literalmente, me dejo caer sobre mi pesada mochila y observo detenidamente la portentosa fachada de la Catedral de Santiago tirado en el suelo mientras por mi cabeza pasan de una manera vertiginosa recuerdos de lo vivido, de lo experimentado y de la maravillosa historia que uno siente haciendo el Camino.

Doy gracias por haber llegado hasta allí, en compañía de quien lo hice y de la manera que lo hice, sabiendo que en ese momento realmente no termina mi camino, sino que realmente empieza.

Empieza un nuevo camino en mi vida en el que la espiritualidad y el alma, los valores de lealtad, amistad, humanidad, compañerismo, amor y respeto adquirirán un protagonismo en mi persona que aún poseyéndolos con antelación a esta vivencia, de esta experiencia salen mucho más fortalecidos y con el verdadero significado que tienen y deben de tener para un ser humano.

A partir de aquí lo que muchos ya conocemos, el abrazo al Apóstol, atravesar la Puerta Santa por ser año xabobeo, el último sello para obtener la Compostela, la misa con el botafumeiro y otros momentos que por estar algunos envueltos en una vorágine comercial y anti-peregrina prefiero obviar aunque reconozco que forman parte del Camino y de los que yo también fui partícipe.

Aquél sábado de septiembre de dos mil diez finalicé mi Camino de Santiago y utilizando el tópico reconozco que desde ese momento mi vida cambió.

Aquel sábado de septiembre de dos mil diez finalicé mi Camino de Santiago pero también empecé otro, el mejor y más apasionado e ilusionante de mi vida…

Nuestro camino.